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martes, 1 de abril de 2008

Evo (Segunda y última parte)

Bien amigos, veamos ahora qué ha hecho Evo Morales como Presidente de Bolivia. Ya repasamos su historia personal y cómo pasó de un campesino indígena que trabajaba sus tierras a transformarse en líder sindical. Ahora, Evo como primer mandatario:


Un Presidente que mastica coca

La nacionalización de los hidrocarburos y el llamado a una Asamblea Constituyente fueron los puntos principales de la campaña presidencial, y una vez en el gobierno el MAS se puso en marcha para cumplir con lo prometido.

Cabe aclarar que si bien Evo Morales y su gente fueron los mayores representantes de la lucha por la nacionalización de los hidrocarburos, ya unos meses antes de su llegada al gobierno se habían puesto en marcha reglamentaciones para alcanzar ese objetivo. En junio de 2005 Bolivia volvió a ser dueño de la boca de los pozos petrolíferos de su territorio. Es decir, reforzó su soberanía nacional e hizo valer su derecho a obtener las mayores ganancias de la explotación de sus recursos naturales. Dentro del establishment internacional, como era de preverse, esta reivindicación de un país del Tercer Mundo no fue vista con buenos ojos, tal como lo indicó el 29 de junio de ese año el editorial del diario español Cinco Días: “Lo último que necesita un país pobre es espantar a las empresas internacionales que han apostado por él. Aprobar tales normas en un momento de interinidad política es la mejor forma de crear una reprobable inseguridad jurídica de consecuencias imprevisibles.” “Inseguridad jurídica” viene siendo algo así como: nuestras empresas multinacionales no pueden adueñarse tranquilamente su petróleo y esto significa pérdida de ganancias y un avasallamiento a la propiedad privada. Claro está, la propiedad privada, en este caso, entendida como la apropiación del suelo extranjero.
Con el gobierno de Evo Morales se amplió el proceso de nacionalización. Concretamente, lo que se hizo fue que el Estado comprara las acciones suficientes en cada caso para poder controlar como mínimo el 50% más uno de las empresas y así obtener la mayor parte de las ganancias. Es decir, tanto la explotación de petróleo como del resto de los recursos energéticos no se convirtió abruptamente en exclusividad estatal, sino que mediante un inteligente recurso capitalista pasó a ser controlado y aprovechado para Bolivia. Es más, el ministro de Planificación Carlos Villegas lo dijo claramente hace un par de años: “Estamos hablando de una operación de compra de acciones. Hablar de una nacionalización es una tergiversación”. De todas formas, se podría decir que hay un fenómeno de nacionalización, o estatización si se quiere, en tanto y en cuanto Bolivia aparece como un actor preponderante dentro de su mercado nacional. Suena confuso, pero es una adaptación al sistema capitalista por parte de un Estado que en gobiernos neoliberales se mostraba concientemente ajeno a participar en la economía. Y entiéndase bien, hablamos en este caso del Estado como institución social, y no como gobierno.

Siguiendo esta línea, ya en nuestros días el gobierno boliviano está analizando la posibilidad de encarar la estatización del servicio eléctrico. De todas formas, Evo Morales sabe que es necesario “tiempo e inversión”. Para este proceso, contará con ayuda financiera de Cuba y Venezuela, en el marco del Tratado de Comercio de los Pueblos que se constituyó dentro de la Alternativa Bolivariana para las Américas.

Por otro lado, el 9 de diciembre de 2007 se aprobó la nueva Constitución. Costó muchísimo que se aceptara y, es más, en la Asamblea Constituyente definitiva hubo 153 delegados presentes y 102 ausentes. Unas semanas antes, un foro deliberativo había revisado cada uno de los puntos durante sesiones accidentadas y un clima caótico, donde nuevamente revueltas populares se debatían en las calles con violencia, con un lamentable saldo de tres muertos.
Es que los sectores económicos más fuertes de Bolivia presionaban (y aún lo hacen) constantemente para que las legislaciones y las decisiones del gobierno de Evo no afectaran sus ganancias, cosa que hasta aquí no han podido evitar. Entonces, las movilizaciones enfrentaban a los sectores que apoyaban a la reforma contra aquellos que se oponían rotundamente, impulsados desde las regiones económicas más poderosas.

La nueva Constitución establece el reconocimiento de un Estado Plurinacional y dice en el artículo 3 del primer capítulo: “
El pueblo boliviano está conformado por la totalidad de las bolivianas y los bolivianos pertenecientes a las áreas urbanas de diferentes clases sociales, a las naciones y pueblos indígena, originario, campesinos y a las comunidades interculturales y afrobolivianas”. Se reivindica así la identidad de etnias antes olvidadas. Así lo demuestra por ejemplo la alegría del Centro Afroboliviano para el Desarrollo Integral y Comunitario (CADIC), cuyo Director Ejecutivo Jorge Medina Ibarra sostuvo “los afros también somos bolivianos. Más de 500 años de historia también nos dan derechos" y agregó "esto permitirá estar en todos los quehaceres de la Patria y decir que somos parte de Bolivia y tiene una cultura propia".

La Carta Magna también habla de una economía plural donde conviven la propiedad estatal, comunitaria y privada. Entre otras cosas, señala que los “
recursos son de propiedad y dominio social, directo, indivisible e imprescriptible del pueblo boliviano, y corresponderá al Estado su administración” y sostiene que “la educación, salud y el deporte tienen especial atención porque el Estado garantiza el acceso de todos los bolivianos a esos servicios esenciales sin discriminación alguna”. Desde ya que ahora habrá que demostrar en los hechos lo que dicen las palabras, pero la reglamentación es el primer paso.

El líder

Reivindicaciones para las diversas etnias. Mayor participación del Estado en el mercado con el fin de obtener las mayores ganancias en cada rubro y controlar la economía. Evo Morales ha sido fiel, hasta acá, a su discurso y a su lucha. Aún debe sobrellevar la estigmatización internacional de la hoja de coca y su vinculación con el narcotráfico. Pero él ya sabe de eso, y tiene el apoyo popular para seguir su camino.

Bolivia no es el paraíso, para nada. Hay una muy fuerte oposición que día a día hace lo posible para desbaratar al gobierno socialista del aymara; mientras sea dentro del marco democrático, bienvenida sea la discrepancia. Pero cuando se traslada a las calles y se convierte en violencia, es inaceptable. Por caso, en octubre de 2006 un enfrentamiento entre trabajadores mineros privados por un lado y estatales por el otro, dejó un saldo de 16 muertos y 61 heridos en su lucha por la explotación un yacimiento en Huanuni. Eso es muy triste y ojalá jamás vuelva a suceder.

Se hizo camino al andar. Desde su humilde Isallavi hasta el sillón presidencial. Sin más armas que sus manos, sus plantaciones de coca, sus banderas, su gente. Juan Evo Morales Aima, el líder indígena que comanda los destinos de Bolivia, es un referente sudamericano. Demostró cómo con tesón, valentía, sin renunciar a sus ideales y a través de procesos democráticos se puede llegar a grandes cosas. Sin la omnipresente figura militar de Hugo Chávez, Evo Morales sea probablemente el mejor exponente de una Latinoamérica distinta. Más multiétnica, más justa, más latinoamericana. Evo Morales, todo un referente.

martes, 25 de marzo de 2008

Evo (Primera parte)

La hemorragia era terrible. María Mamani miró a su esposo Dionisio con los ojos llorosos, temerosa de perder al niño que estaba naciendo. En el humilde Isallavi, cerca del lago Poopó, la medicina moderna aún no había llegado y esas dos personas veían cómo el fruto de su amor corría serio riesgo de irse rápidamente de un mundo al que casi ni había llegado. Pero los pueblos indígenas son más sabios de lo que la ciencia supone. La anciana curandera y las vecinas del pueblito utilizaron sus hierbas para evitar lo peor, y lo consiguieron. Ese 26 de octubre de 1959, la Nación Aymara recibió con los brazos abiertos a un nuevo hijo: Juan Evo Morales Aima.

46 años más tarde, el 18 de noviembre de 2005, el Movimiento Al Socialismo (MAS) se alzó con la victoria en las elecciones presidenciales. El 53,7% de los votos dispuso que el aymara Evo se convirtiese en el piloto de un país abrumado por fuertes conflictos sociales, una economía devastada y una desigualdad marcada entre ricos y pobres. Peleando desde los espacios democráticos, alzando la bandera de los más desprotegidos, revalidando la dignidad de los pueblos originarios y, por sobre todas las cosas, cumpliendo con su discurso, Evo Morales es hoy en día quizás el referente político latinoamericano más notable. ¿Está bien esta apreciación? Pensemos. Para eso, antes debemos recorrer brevemente su historia, para entender cómo y por qué es lo que es hoy.

El líder indígena

A los 6 años Evo ya estaba trabajando. Su tarea era ayudar a su padre y sus hermanos en la zafra de la caña de azúcar en el norte de Argentina. Su juventud la desarrolló entre estudio y fútbol, su deporte favorito. Ya entrada la década del ‘80, se mudó junto con su familia al departamento de San Francisco, donde entre otras cosas construyeron su plantación de coca. Para mediados de los noventa, Evo no sólo era un ferviente trabajador de la tierra sino que además había desarrollado una conciencia social que lo había transformado en un referente político de su región. Por caso, en 1996 fue elegido Presidente de Coordinación de las Seis Federaciones del Trópico Cochabambino.

Su mayor lucha pasó por la defensa de las plantaciones de coca. Está claro que lo suyo nada tiene que ver con el narcotráfico. La coca es un vegetal históricamente utilizado por los pueblos andinos para acompañar su vida cotidiana, así como en Argentina podría ser la yerba mate por ejemplo. Sin embargo, las presiones internacionales por estigmatizar a la coca como droga han concluido en legislaciones restrictivas de su producción. Evo y sus compañeros cocacoleros fueron tratados como delincuentes. Cuenta Evo: “He pasado momentos difíciles en Eterazama (1997), donde desde un helicóptero la DEA (Departamento Antinarcóticos de EE.UU.) ha ametrallado y hubo cinco muertos en minutos."
No sólo intentaron matarlo varias veces, sino que también fue preso en otras tantas ocasiones. Pero todo eso no hizo más que fortalecerlo y acrecentar su figura.

En 1995 se formó la Asamblea para la Soberanía de los Pueblos. Como la Corte Nacional Electoral les negó una personería jurídica, se acercaron a los partidos de izquierda y formaron alianzas que pronto dieron sus frutos. En 1997 Evo Morales fue uno de los cuatro Diputados de la Izquierda Unida que llegaron al Congreso. Desde su banca, Morales continuó abogando por las reivindicaciones sociales, más que nada del sector cocalero. Hasta que en 2002 104 diputados oficialistas y afines al gobierno de Jorge Fernando Quiroga Ramírez decidieron quitarle su banca por “faltas graves al ejercicio de sus funciones”


Pero lejos de debilitarlo, su expulsión del parlamento lo catapultó al liderazgo. Ese año, Evo fue candidato a presidente por el MAS y quedó segundo, mientras que en los comicios legislativos su partido alcanzó gran representatividad con 27 diputados y 8 senadores. Cochabamba, La Paz, Oruro y Potosí fueron algunas de las ciudades importantes que brindaron su apoyo al movimiento de izquierda.

Ya en 2003, Bolivia era un caos. El gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada había instalado un impuestazo que se tradujo en grandes manifestaciones populares y una ola represiva muy cruda (hubo 33 muertos y centenares de heridos). La situación era insoportable y en octubre Sánchez de Losada dimitió ocupando su cargo Carlos Diego Mesa Gisbert. El nuevo mandatario puso algo de paños fríos y comandó Bolivia hasta mediados de 2005 donde el repudio popular (en parte promulgado por el propio Evo Morales) lo llevó a renunciar. Las elecciones presidenciales fueron en diciembre y Morales llegó por fin, junto a su vestimenta indígena y sus plantaciones de coca, a lo más alto de la dirigencia boliviana.


(la próxima semana repasaremos su gobierno y por qué creemos que es un importante referente para Latinoamérica, ¡los esperamos!)